Libre convoca a protestas para presionar al CNE y promover candidatura de Rixi Moncada
El oficialismo planea una movilización indefinida hacia Tegucigalpa bajo discursos de confrontación y deslegitimación del sistema electoral.

Tegucigalpa, Honduras- El Partido Libertad y Refundación (Libre) ha convocado a una serie de movilizaciones a partir del 1 de agosto, en una estrategia que ha generado preocupación por su tono confrontativo y por el uso de movilizaciones para ejercer presión política, particularmente en apoyo a su aspirante presidencial, Rixi Moncada.
El llamado se hace en un contexto tenso, luego de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) aprobara reformas al sistema de transmisión de resultados electorales, decisión que Libre rechaza sin presentar pruebas contundentes de fraude, replicando una narrativa que ya ha sido utilizada en procesos anteriores.
El comunicado del partido oficialista no solo descalifica al CNE, sino que también retoma viejos argumentos sobre un supuesto “bipartidismo golpista”, lenguaje que polariza aún más el ambiente político y aleja cualquier posibilidad de consenso democrático. Se acusa a medios de comunicación de propagar odio, cuando en realidad se limitan a fiscalizar y reportar la coyuntura nacional.
Libre, lejos de buscar soluciones institucionales, opta por llevar masas a las calles bajo la promesa de “protestas sin límite de tiempo”, una táctica que recuerda las jornadas de presión política del pasado, muchas veces acompañadas de bloqueos, disturbios y afectaciones al libre tránsito y a las actividades económicas.
En lugar de promover un debate democrático, el partido en el poder ataca a sus oponentes —Salvador Nasralla y Nasry Asfura— acusándolos de pertenecer a una supuesta “maquinaria” de poder, sin evidencias ni apertura al diálogo electoral plural. Rixi Moncada incluso ha rechazado debatir con otros candidatos, lo que evidencia un desprecio por la competencia transparente.
Analistas advierten que Libre está utilizando su estructura partidaria y el control de ciertas instituciones para manipular la opinión pública con mensajes que fomentan el miedo y el resentimiento, mientras refuerzan el culto a la personalidad de su candidata, en vez de presentar propuestas viables para el país.
Si bien todo partido tiene derecho a movilizar a su base, hacerlo desde el poder con recursos y discurso de confrontación representa un riesgo para la institucionalidad. La ciudadanía merece elecciones limpias, no campañas basadas en presión callejera ni discursos incendiarios que siembran división.